Mi habitación propia

Escribir un diario era parte integral de mi proceso terapéutico, aunque no quisiera hacerlo. Las primeras páginas fueron un calvario; me asustaba sacar a la luz mis emociones en la hoja en blanco. Conforme pasaron los años el cuaderno se llenó de palabras: las que ocultaba, las que se perdieron, las que no me atreví a pronunciar.

Descubrí una sensibilidad que no sabía que tenía. Escribir a mano tiene poder sanador, conecta cerebro y corazón. En las páginas de esos cuadernos encontré el deseo de levantarme de la cama, de cambiar de rumbo, de volver a soñar.

Soy de Costa Rica y vivo en Estados Unidos y pienso que para muchos inmigrantes el olvido de nuestro idioma es otra forma de exilio. Fue necesario tomar clases de literatura, ortografía, redacción y gramática para reencontrarme con el español escrito. Me inscribí en varios talleres de escritura creativa y empecé a cultivar el sueño de ser escritora.

Se necesita esfuerzo y sacrificio para cosechar las recompensas. Ahora las tengo. Esas primeras palabras temblorosas se convirtieron en el poemario El eco de mi voz. He participado en varias antologías con ensayos, cuentos y poemas. Tuve el privilegio de presentar en Buenos Aires mi primer libro de cuentos Donde arde la memoria con la editorial Caburé; esa experiencia tan maravillosa todavía revolotea en mi alma.

El oficio de escribir es solitario y silencioso, justo lo que yo necesitaba para sanar el alma. Lo que empezó como parte de una terapia a mis casi cincuenta años se convirtió en mi pasión, mi refugio, mi habitación propia.

Escribir me recuerda a esas tiendas de campaña que construía con mis hermanos, en la infancia, con sábanas y almohadas. Ese espacio íntimo y seguro donde cobran vida mis historias, la imaginación vuela sin restricciones y me conecto con mis vivencias, recuerdos, deseos y con los corazones de aquellas personas que al disfrutar la lectura se conviertan en el depositario de la vida de una mujer que se había perdido y se ha vuelto a encontrar.

Diana Rodríguez nació en Costa Rica. Emigró a Estados Unidos, vive en Miami con su esposo y sus tres hijos. A sus cincuenta años descubrió su voz y decidió expresarse a través de la escritura. En 2019 publicó el poemario “El eco de mi voz”, y un año más tarde, ganó el Premio del Público en el prestigioso concurso “Cuentomanía”.  Participó con su cuento “La colección de uñas” en Vacaciones sin hotel. Antología de escritores del Sur de la Florida, editado por Hernán Vera Álvarez bajo el sello de Ediciones Aguamiel, 2021 (Florida Book Awards, 2022). En el 2022 ganó el primer lugar en el concurso “Cuéntale tu cuento a La Nota Latina” con el cuento “Cajeta de leche”. En el 2023 participa en la antología de microrrelatos “Con la urgencia del instante” editado por Luis Alejandro Ordóñez bajo el sello Ars Communis con el cuento “El reflejo”.