Escribir: el duelo continuo entre ganar y perder

¿Qué se gana cuando se escribe y qué se pierde? ¿Si perdemos más de lo que ganamos, por qué nos empecinamos en este oficio? Hace poco conversaba con la escritora Wendy Angee sobre la dureza del oficio de escribir, porque no se trata solo de sentarse a teclear e inventarse historias, sino de dejar parte uno mismo en el proceso.

Escribir es más que plasmar palabras en un papel. Implica sumergirnos en las aguas turbias de nuestras experiencias, recuerdos y creencias, de nuestra forma de ver las cosas y combinarla con otras visiones y creencias, aunque no sean propias, para crear una obra que se más que arte, sea reclamo, liberación y magia.

Todos los escritores perdemos algo cuando escribimos, y al mismo tiempo ganamos. Perdemos el miedo y ganamos valentía, usamos los limites de la página para contener los demonios propios, exorcizarnos y ganar un poco de esperanza. Porque escribir es una forma de ganarse y perderse uno mismo verso tras verso, historia tras historia, página tras página. Y está bien, pues de eso se trata el oficio, de aventurarnos a lo incierto con la certeza de saber que un día nuestras palabras llegaran al alguien, aunque sea a una sola persona, que les otorgue significado.

Mientras los escritores nos enfrentamos a esta tarea en la soledad más pura y sagrada. Esa soledad única que solo puede apreciar, disfrutar y atesorar quien necesita del silencio y la distancia para adentrarse en sus propias profundidades y resurgir entre palabras. Mientras estamos allí, solos, escribiendo, el mundo avanza. Cuando el libro llega a las manos de los lectores, la recepción depende también de su propia forma de concebir el mundo. De sus prejuicios más arraigados y sus experiencias. Entonces el libro, esa creación única cargada de referentes, imágenes, y que busca presentar una forma de la realidad o de la vida, ya sea desde la poesía, la ficción, la auto ficción, o del género y tema que sea, se convierte en otro libro. Uno que no fue escrito por el mismo autor, sino por el lector. Un libro nuevo donde cada imagen y referencia tomará un nuevo significado.

Entonces pierden tanto el libro como el autor, pero también ambos ganan. Ganan un nuevo sentido, aunque a veces ese sentido nuevo resulte completamente contradictorio. La mayoría de las veces esta ganancia es exitosa, cuando el lector se identifica con el libro y empieza a nutrirse de él. Pero cuando no, aparece entonces la crítica negativa que no se enfoca en el arte en sí, sino en lo que el otro, ese lector, piensa y cree que dice el libro desde su propia perspectiva de las cosas y del mundo.

Surgen entonces los lectores a favor y en contra tanto del libro como del autor. Porque no hay lector que pueda diferenciar por completo a la obra del creador. Y cuando el libro no puede ser aceptado, por el motivo que sea, aparece algo que nunca deja de estar de moda: la censura.

En la actualidad las listas de libros censurados en países como Estados Unidos no dejan de crecer. Al respecto, el maestro Stephen King, el autor más censurado, expresó: “¿16 de mis libros? Debo estar haciendo algo bien.” Y sí, lo está haciendo muy bien. En realidad, todos lo estamos haciendo bien, porque atreverse escribir, a debatir temas álgidos en medio de los textos ya sean ficcionales o no, es la forma más pura de ejercer un derecho que todos tenemos: el derecho de pensar y expresarnos.

A quienes no les gusta lo que encuentran en los libros, ya sea porque les parece un atentado a los valores morales, éticos, religiosos, políticos, o porque les enfrenta a sus propias miserias, deberían cuestionarse: ¿Qué ganan con censurar? Porque la censura no es solo un tema de opiniones, es un tema de autoritarismos, ultraje de derechos y condenación del libre pensamiento. También conviene que se cuestionen si las libertades actuales, los derechos que gozan y sus estilos de vida modernos no se han construido sobre la base de esa libre expresión y libre pensamiento que cuando les conviene pretenden suprimir a través de la censura.

Entonces. ¿Qué pierde o gana un autor al escribir? Por fortuna se pierde y se gana a sí mismo. Se pierde para liberarse. Se deconstruye para reconstruirse, planta su bandera de la libertad en el espacio libre del pensamiento y eso es mucho más significativo que plantar una bandera en la luna.

En este proceso de perder y ganar, los autores también ganamos al perder. Perdemos a los censuradores y ganamos la libertad de saber ahora cómo son, quiénes son, y cómo piensan, lo que indefectiblemente nos conduce a una libertad más pura. Si los censuradores son intelectuales, moralistas, familiares, conocidos o cualquier erudito o crítico del tema en cuestión, no importa. Lo que realmente resulta valioso es que ese autor: tú, yo, todos los que nos adentramos en estas aguas, perdemos lo que no necesitamos para ganar libertad. Y si algo hay que perder para ganar, entonces será como dice la escritora Marguerite Duras “Un precio que hay que pagar por haberse osado a salir y gritar.”

Por lo pronto, Angy y todos los que pasen por estas líneas, sigamos trabajando con la certeza de que al escribir siempre ganamos. Y como lo dice el maestro King, si nos censuran, es porque algo estamos haciendo bien.

Buenos Aires 22 de enero de 2026.

[1] Stephen King (2023) Post de Twitter.

[2] Duras, Marguerite (2022) Escribir. Tusquets. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

María Luisa Angarita (Maracay, Venezuela, 1982) es poeta y escritora. Ha publicado los poemarios Mundo ambiguo (2000), Ecos de la ficción (2011), Mirada de espejo (2022) y Ni una flor robada de un jardín (2025). Ganadora del Premio de Poesía Inter liceísta Sergio Medina (Venezuela, 1999). En el 2020 obtuvo el segundo lugar del Premio de Poesía Rotary Cid Campeador y el tercer lugar del Certamen Cartas desde las Diáspora (Argentina). Es profesora de literatura y Magister en Literatura Latinoamericana por la Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Diplomada en Teología por la Universidad Católica Santa Rosa y el Centro de Formación Teológica San Justino. Actualmente trabaja como redactora de contenidos y se dedica a la escritura creativa.