“un cuarto propio”

Cuando hay una serie de circunstancias que se combinan para originar una casualidad, no me alcanza solo con pensar que fue algo casual. Quizás porque es más divertido creer en algo que nos guía, que nos lleva por caminos que debemos recorrer porque hay un aprendizaje esperándonos.

Podría haber elegido cualquier libro, afortunadamente tengo varios que aun no he leído en la biblioteca de mi departamento. Pero algo, llámese intuición o destino, me llevó a elegir “un cuarto propio” de Virginia Woolf, y de pronto me encontraba sumergida en el pensamiento de una mujer que reflexionó sobre “las mujeres y la literatura”.

Virginia se pregunta, qué hubiera pasado si las mujeres de su época hubieran aprendido del gran arte de hacer dinero para fundar facultades y cátedras, premios y becas apropiadas para el género femenino, y se responde:

“Podríamos haber estado explorando o escribiendo; paseando por los lugares venerables de la Tierra; sentándonos contemplativamente en los escalones del Partenón, o ir a las diez a una oficina y volver cómodamente a casa a las cuatro y media para escribir un poco de poesía. Solo que, si la señora Seton y otras como ella hubieran entrado al mundo de los negocios a la edad de quince años, Mary -ese era el problema del argumento- no habría existido”

Nunca me hubiera imaginado, que noventa y seis años después, estoy siendo esa mujer que Virginia describe en su pensamiento. Mi lugar de trabajo es una oficina, a la que llego a las 8, no a las 10, porque lamentablemente, en los tiempos que corren, el horario laboral nos consume más vida de la que nos gustaría. Vuelvo a casa saturada de gente, cálculos y problemas resueltos y no resueltos, pero de vez en cuando escribo un poco de poesía.

Ser ingeniera (en una industria liderada históricamente por hombres) y poeta, no es una tarea sencilla. Tuve que luchar mucho tiempo con estas dos facetas, porque pensaba que no podían coexistir. Menos mal que soy más intuitiva que lógica, la mayoría del tiempo, y continue escribiendo poesía a pesar del deber ser.

Coincidiendo con el deseo de esta gran escritora a la que estoy leyendo: escriban de lo que sea, pero escriban. Pude sentarme en mi cuarto propio a recopilar mis escritos. Leerlos, editarlos y a seguir escribiendo. Hasta que nació mi primer libro de poesía titulado “Mi ingenio poético”

Las experiencias y reflexiones escritas, en conjunto con un quiebre (o un evento canónico como suelo llamarlo) me arrancaron la venda de los ojos. Usé toda esa energía y consciencia para transformar en arte, todo lo que pensé que me destruiría emocionalmente. Lo que no significa que no haya existido dolor. Significa que, esa incomodidad que aparece cuando nos ponemos una “prenda” que ya no nos satisface, o no nos sienta bien, depende solo de nosotros. Es imposible cambiar, o darle un lugar a lo nuevo, sin soltar para hacer espacio.

Gracias a la incomodidad que sintieron las mujeres a lo largo de la historia, a las ganas de moverse de lugares que ya no podían mostrar quienes eran realmente y a las preguntas que florecieron de los vacíos que no podían llenarse de otra forma. Yo cuento con el enorme privilegio de tener un cuarto propio, la libertad para expresarme y los medios para compartir mi pensamiento.

Finalmente, deseando que el lector haya disfrutado esta breve lectura y quizás habiéndole despertado alguna curiosidad o reflexión, sea cual sea. Me despido desde mi cuarto propio, con un pensamiento que luego quiso ser poema, y que hoy forma parte de la obra que me convirtió en escritora.

El método
Ser amiga de la improvisación
Tarea difícil para alguien como yo.
Siempre encontré el método óptimo para hacer cualquier cosa.
Hoy intento seguir instrucciones,
El paso a paso para volver a ser feliz con el corazón roto,
Parece más difícil que estudiar de nuevo ingeniería.
La teoría es sencilla: encontrarse a uno mismo,
Conocerse, escucharse y priorizarse.
Intento ejecutar y tener éxito,
Sabiendo que la suerte de principiante nunca fue lo mío
Antes de aprender a quererme bien,
Lo lógico sería, primero, aprender a quererme.


Cecilia I. Daciuk nació en Resistencia, Chaco, Argentina. Ingeniera Química y escritora, combina su actividad profesional en la industria energética con el desarrollo de su carrera literaria. Egresada de la UTN Resistencia, publicó su primer libro, Mi ingenio poético, a través de la editorial Caburé. Actualmente trabaja en dos nuevos proyectos editoriales de géneros muy diferentes, experiencia que amplía su visión como autora y enriquece su búsqueda creativa. Convencida de que la ciencia y el arte pueden dialogar y complementarse, continúa formándose en escritura creativa, con una especial pasión por la poesía.