Chile es un país reconocido por sus destacados poetas y el buen vino. Con dos Premios Nobel de Literatura —Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971)— y una importante variedad de autores y libros, resulta difícil de creer que sigue siendo un mercado relativamente pequeño, donde existe una altísima competencia.
Los desafíos que presenta nuestra alocada y extensa geografía, con ciudades y regiones bastante alejadas entre sí, sumado a las dificultades económicas, hacen que resulte una verdadera odisea para las editoriales llegar a los lectores. Por otro lado, es sabido que el precio de los libros —encarecido por el 19% de IVA— resulta muchas veces inalcanzable para gran parte de la población. Los altos costos, junto con dificultar el acceso a la lectura, hacen más lenta la recuperación de la inversión realizada en cada libro.
Pese a lo anterior, los chilenos seguimos escribiendo y las editoriales continúan su labor, conscientes de los desafíos que sabemos que vamos a encontrar para lograr alcanzar nuestros sueños. Cada año nos sumamos nuevos autores que nos atrevemos a sacar la voz, poniendo en palabras nuestras historias, tradiciones, temores y anhelos; aportando desde distintas veredas a la literatura nacional.
Al momento de pensar en publicar, nos encontramos con dos tipos de actores en el mundo editorial: los grandes grupos internacionales y las editoriales independientes. Los primeros, tienen una gran capacidad de producción y distribución, así como una mayor presencia física en librerías y en variados puntos de venta. Los segundos, no compiten por cantidad de libros, sino que se centran más en la búsqueda de nuevos autores, propuestas diferentes y libros dirigidos a públicos específicos.
Para las editoriales independientes resulta complejo acceder a los espacios de las grandes cadenas, y esto se traduce en menor visibilidad, así como menos posibilidades de vender sus libros. Frente a esta realidad, han encontrado otros canales para crecer y expandirse. Algunas cuentan con sus propias tiendas online y otras plataformas digitales; por otro lado, las ferias y bibliotecas les permiten dar a conocer los libros a nuevos lectores. Por último, también resultan de gran valor las alianzas institucionales, donde el sector educativo y cultural ofrece oportunidades para generar ventas y colaboraciones.
Resulta interesante observar que, en la actualidad, la digitalización ha modificado la manera en que se promocionan y descubren los libros, sin limitarnos únicamente a las librerías; podemos conocer nuevos títulos a través de las redes sociales y las plataformas digitales.
En este cambio de paradigma, Instagram (Bookstagram), TikTok (BookTok) y YouTube (Booktube) tienen un rol cada vez más importante, donde los autores podemos comunicarnos directamente con los lectores, así como crear comunidades y generar interés por nuestros libros.
Claramente, el desafío que tenemos por delante sigue siendo enorme; sin embargo, hoy, como nunca, se abren nuevas posibilidades que debemos explorar con la mente abierta y dispuestos a aprender y crear. Contamos con recursos que generaciones anteriores no disponían, y esto es solo el comienzo. Tenemos que continuar aprendiendo, construyendo comunidades lectoras y fortaleciendo los vínculos con estas.

IIngrid E. Oschilewski nació en Santiago de Chile, en 1980. Es escritora, profesora de educación general básica con mención en Castellano (PUC), orientadora educacional (PUC) y Magíster en Psicopedagogía (Universidad de Los Andes). Publicó su primera novela: “Cuando cumplamos 30”, con Editorial Alicanto en 2026. Algunos de sus cuentos han sido incluidos en antologías en diferentes países. Actualmente trabaja como Encargada de Convivencia Escolar en un colegio de Santiago y se desempeña como Asistente Editorial, mientras cultiva la creación literaria, convencida de que las palabras tienen el poder de conmover, inspirar y transformar.
